¿Está bajo presión el pacifismo constitucional de Japón?

Gilles Touboul

24 de enero, 2026

¿Está bajo presión el pacifismo constitucional de Japón?

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Desde 1947, el artículo 9 de la Constitución japonesa proclama que “el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra”. Esta cláusula, impuesta bajo supervisión estadounidense, ha transformado al archipiélago en un gigante económico pero en un enano estratégico. En 2025, sin embargo, la brecha entre este pacifismo en principio y la realidad de la seguridad nunca ha sido más evidente. Frente a un vecindario cada vez más amenazador, Tokio se está rearmando y poniendo a prueba los límites de su marco legal.

Un entorno estratégico cada vez más consolidado

Tres frentes están alimentando el nerviosismo en Tokio.

En primer lugar, China está aumentando su presupuesto de defensa, modernizando su armada e intensificando sus incursiones alrededor de las Islas Senkaku. En segundo lugar, Corea del Norte ha estado llevando a cabo numerosos lanzamientos de misiles balísticos, varios de los cuales han sobrevolado el Mar de Japón. En tercer lugar, Rusia, que se enfrenta a Occidente en Ucrania, sigue siendo un vecino difícil y todavía está en desacuerdo con Tokio por las Islas Kuriles.

Esta presión simultánea está obligando al gobierno a abandonar su moderación estratégica. El primer ministro Abe inició el cambio; su sucesor Fumio Kishida y más tarde Shigeru Ishiba lo aceleraron. El presupuesto de defensa de Japón, que durante mucho tiempo se fijó en el 1% del PIB, se ha elevado al 2% del PIB tras la guerra entre Rusia y Ucrania. 

Tokio invirtió en misiles de contraataque, concluyó un pacto de acceso recíproco con Filipinas (junio de 2025), y lanzó una empresa conjunta con Reino Unido e Italia para desarrollar un avión de combate supersónico de próxima generación. 

Al mismo tiempo, se relajaron las restricciones a la exportación de armas, presagiando un Japón más activo en los mercados de defensa.

De la defensa pura al contraataque: la transformación silenciosa

El paso de la pura defensa al contraataque no es nuevo. Las Fuerzas de Autodefensa (SDF), creadas en la década de 1950, han ampliado gradualmente su alcance. Los compromisos de las SDF incluyen operaciones de mantenimiento de la paz en la década de 1990, apoyo logístico en Irak y en el Océano Índico después de 2001, y protección de buques comerciales en el Golfo de Adén desde 2009.

Desde 2022, se ha alcanzado un hito: la nueva doctrina incluye la realización de ataques preventivos contra las bases enemigas. 

El ex Primer Ministro Ishiba, partidario de un Japón más asertivo, incluso evocó el nacimiento de una OTAN asiática estructurada en torno a Estados Unidos, Australia, India y Filipinas. Por lo tanto, el artículo 9 parece más simbólico que coercitivo: el país actúa como una potencia militar normal, sin dejar de ondear la bandera del pacifismo.

El obstáculo político de la revisión constitucional

Sin embargo, cambiar la letra de la Constitución sigue siendo un ejercicio peligroso. Para modificar el artículo 9 se requiere una mayoría de dos tercios en ambas cámaras, seguida de un referéndum. Sin embargo, la coalición PLD-Komeitō carece de esta mayoría de dos tercios.

Incluso la opinión pública a este respecto está dividida. Mientras que el 48% de los japoneses apoya la revisión, el 48% la rechaza, según la encuesta NHK de mayo de 2025.

El Primer Ministro Ishiba también está sufriendo una popularidad en declive; La inflación y la crisis demográfica están erosionando la confianza de los hogares, relegando la reforma constitucional a una prioridad secundaria.

Escenarios de 2025 a 2030: ¿Cambio progresivo o revisión minimalista?

Escenario central: Tokio continúa el rearme sin alterar el texto fundacional. Las alianzas se fortalecen, las capacidades de proyección se expanden, pero el paraguas legal del Artículo 9 permanece. Este compromiso protege a la sociedad civil, tranquiliza a los aliados occidentales y limita las reacciones internas contra el regreso del militarismo.

Un escenario de ruptura clara (improbable a medio plazo): impulsada por un shock externo importante –por ejemplo, un ataque directo– surge una supermayoría para derogar la cláusula de renuncia a la guerra. Sin embargo, los obstáculos internos y las sensibilidades regionales hacen que esta opción sea remota.

Reacciones regionales: preocupaciones y convergencias

Beijing denuncia el retorno del militarismo japonés y blande el recuerdo de la ocupación para galvanizar a la opinión pública. Los países del sur de Asia también reconocen tácitamente la utilidad de Japón como contrapeso a China. Washington aplaude el cruce del umbral del 2% del PIB y la distribución más equilibrada de la carga estratégica.

Entre un legado pacifista y realidades geopolíticas

El Japón de 2025 no renuncia a su ideal de paz eterna, pero está armando, exportando y construyendo alianzas en una región que sufre cambios rápidos. Esta ambigüedad ofrece un equilibrio: tranquiliza a una parte de la población, apacigua a los socios occidentales y limita los pretextos para una escalada diplomática.

La verdadera pregunta ya no es si Tokio algún día abandonará el Artículo 9. Mientras la opinión siga dividida y el ambiente no degenere en un conflicto abierto, la estrategia de elusión gradual debería prevalecer. Más allá de eso, el archipiélago tendrá que elegir: abrazar plenamente su condición de potencia militar o redefinir una nueva forma de pacifismo creíble en un Indo-Pacífico bajo alta tensión. 

(Gilles Touboul es analista geopolítico y ex operador internacional de divisas con experiencia en Medio Oriente y Asia)